Sociedad Bíblica Peruana
21/12/2021

DEVOCIONAL DIARIO

Salmo 18.4-6.
La segunda estrofa del Salmo 18. Los que se han leído el libro de Samuel, habrán visto la historia de una vida convulsa y llena de persecuciones que vivió el Rey David, desde antes de ser rey, sus hermanos lo despreciaban, para su familia, era el niño ovejero, romántico, le gustaba la música, que hacía el trabajo de obrero de la casa, mientras sus hermanos eran guerreros y hacían tareas de “hombres”; llega a ser el músico del rey Saúl, quien perdió su cordura cuando supo que Dios lo había desechado como rey, cuando le ve las virtudes del jovencito, adolescente, lo desprecia, lo persigue por más de 12 años, trata de matarlo tantas veces.

Después de la muerte de Saúl lo nombran rey pero solo lo reconocen como tal, dos tribus, las demás no, hasta que conquista lo que hoy es la ciudad de Jerusalén, por eso se llama la Ciudad de David, empieza una vida más estable y cuando todo va bien, abusa de su autoridad como rey; teniendo varias esposas, toma por su decisión, la esposa de uno de sus soldados más fieles y para que él no se entere lo manda a matar.

Toda una vida de rectitud se desarma aquí; pero Dios es justo, ve todo lo que hacemos en secreto, como un padre con su hijo, Dios lo reprende y cuando se arrepiente, lo castiga por el daño permanente que le hizo a esa pareja; si David con violencia afectó toda una familia, el castigo fue sufrir violencia dentro de su propia familia, y así fue, toda su familia se desarmó.

En el Salmo 18, David no oculta que tuvo problemas en la vida, estuvo rodeado por la muerte muchas veces, perseguido, sufrió trampas, dolores, muchas veces lloró, pero el final de esta estrofa nos da la solución que encontró en esos momentos de dolor: «llamé al Señor, pedí ayuda a mi Dios». Ese es el consejo que no debemos pasar por alto, en medio de la angustia llama al Señor, si has actuado mal contra tu prójimo, pide su ayuda, que él escuchará tus lamentos y mirará tu corazón.

Sociedad Bíblica Peruanav.4.18.8
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